La Amazonía, el mayor bosque tropical de la Tierra, está experimentando un cambio profundo. Los incendios, cada vez más frecuentes y extensos, están transformando la selva en una fuente neta de gases de efecto invernadero. En 2024, los datos del Joint Research Centre de la Comisión Europea mostraron niveles récord de CO₂ liberados por incendios, impulsados por temperaturas históricas y una humedad del suelo en mínimos. La deforestación sigue siendo un problema, pero ya no es la principal amenaza. Los incendios no solo destruyen árboles, sino que también alteran la estructura ecológica del bosque y liberan carbono almacenado durante siglos en el suelo. Los científicos temen que estemos rozando un 'tipping point', un punto de inflexión más allá del cual la selva no podría volver a su estado original. Entre un 10% y un 47% del bosque podría colapsar parcialmente antes de 2050 si no se detiene la presión humana y climática. La Amazonía está perdiendo su capacidad de generar su propio clima, lo que podría convertir amplias zonas en una sabana seca.