El astrofísico Robin Corbet, del Centro de Vuelo Espacial Goddard, plantea que los extraterrestres no nos ignoran porque seamos insignificantes, sino porque se han aburrido de intentarlo. En su estudio, titulado 'A Less Terrifying Universe? Mundanity as an Explanation for the Fermi Paradox', Corbet sostiene que el universo está lleno de vida, pero no de la clase espectacular que solemos imaginar. La hipótesis de Corbet se basa en el principio de 'mundanidad radical', que establece que la mayoría de las civilizaciones extraterrestres no poseen tecnología mágica ni energía infinita. Usan transmisores, sondas o radiotelescopios parecidos a los nuestros, y por eso mismo no logran encontrarnos. La falta de resultados habría desmotivado cualquier esfuerzo sostenido de comunicación. El universo podría estar lleno de civilizaciones comunes que simplemente no se detectan entre sí. No hay señales permanentes, ni balizas interestelares, ni colonias que abarquen galaxias. Solo sociedades que, como la nuestra, escuchan al vacío con la esperanza de oír algo. La Tierra no sería un lugar muy interesante de visitar, desde una perspectiva galáctica, no emitiría nada que destaque demasiado. El escenario que propone Corbet no elimina la esperanza, si la vida inteligente es común, aunque no deslumbrante, significa que no estamos solos, sino que simplemente formamos parte de un universo lleno de versiones diferentes de 'nosotros'.