Un equipo internacional de arqueólogos descubrió restos de excrementos humanos y de perro en el asentamiento neolítico de Durrington Walls, a 2,8 km de Stonehenge. Los análisis de 19 coprolitos encontrados en las fosas del asentamiento revelaron que los constructores de Stonehenge comían vísceras mal cocinadas, lo que les provocaba infecciones por parásitos intestinales. Se encontraron huevos de parásitos como capillariidae en 5 de los coprolitos, lo que indica que los constructores comían órganos animales infectados. El estudio, publicado en la revista científica Parasitology, también sugiere que los perros convivían estrechamente con los humanos y participaban en los festines. Los hallazgos datan de hace 4.500 años, cuando se erigieron los trilitos de Stonehenge. El equipo de arqueólogos utilizó técnicas de microscopía y análisis de biomarcadores fecales para identificar los parásitos y determinar si las heces procedían de humanos o animales. El estudio es el primero en Reino Unido que confirma la presencia de parásitos intestinales en un contexto neolítico y los asocia con sus hospedadores específicos.