Las pelotas de Neptuno son conglomerados compactos de fibras desprendidas de la posidonia, una planta marina emblemática del Mediterráneo. Cada otoño, la planta libera hojas ricas en lignina que, al enredarse, forman estas esferas resistentes. Con el oleaje y las corrientes, muchas terminan arrastradas hasta las orillas. Según la Universidad de Barcelona, estas bolas fibrosas tienen la capacidad de atrapar fragmentos plásticos entre sus capas. El equipo de Anna Sánchez-Vidal calculó que las praderas de posidonia podrían retener hasta 900 millones de microplásticos al año solo en el Mediterráneo. En los análisis realizados en Mallorca, algunas pelotas contenían hasta 1.500 piezas por kilo, mucho más que las hojas sueltas. Los investigadores recomiendan dejar las pelotas en la playa, ya que aportan nutrientes y humedad, ayudan a fijar la arena y protegen al ecosistema costero. La verdadera solución es reducir la producción y evitar que el plástico llegue al mar, según Sánchez-Vidal.