Venus, el planeta más brillante del cielo nocturno, tiene una superficie ardiente y aplastante que pulveriza cualquier sonda en cuestión de horas. Sin embargo, bajo su atmósfera, se encuentran estructuras gigantes con forma de anillo llamadas coronas, que cubren buena parte de su superficie. Un nuevo estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) propone que el secreto de estas coronas se encuentra en una capa oculta del manto venusiano, un 'techo de cristal' que retiene el calor y deforma lentamente la corteza. El equipo, liderado por Madeleine Kerr, del Instituto Scripps de Oceanografía de la Universidad de San Diego, cree que el calor ascendente del manto no consigue atravesar la corteza, sino que queda atrapado bajo una capa rígida que se comporta como un vidrio volcánico colosal. Con el tiempo, esta presión acumulada empuja la superficie hacia arriba y luego colapsa, formando los característicos anillos. Se han cartografiado más de 700 coronas en Venus, y el proceso de formación puede durar millones de años. Esto convierte a Venus en un laboratorio natural para estudiar cómo podría terminar la Tierra si sus placas tectónicas dejaran de moverse algún día.