En 1935, Erwin Schrödinger creó el experimento mental del gato para demostrar lo absurdo de aplicar la mecánica cuántica al mundo real. Sin embargo, en 1984 y 1985, John Clarke, Michel H. Devoret y John M. Martinis realizaron experimentos que demostraron que las propiedades cuánticas pueden verse en sistemas más grandes. Estos investigadores utilizaron un circuito eléctrico cerrado con superconductores y demostraron que las partículas individuales pueden desintegrarse, lo que contradice la idea de Schrödinger. Sus hallazgos han sido reconocidos con el Premio Nobel y han sentado las bases para la creación de tecnologías como los transistores de microchips informáticos y la criptografía cuántica. El comité del premio destacó que estos investigadores demostraron que el efecto túnel, un fenómeno cuántico, puede ocurrir a nivel macroscópico. Esto ha desdibujado la muralla que separaba el mundo de lo muy pequeño con el mundo que nosotros conocemos.