Un equipo de investigadores liderado por el farmacólogo Dirk Hoffmeister descubrió que dos tipos de hongos no relacionados genéticamente, Inocybe corydalina y Psilocybe, desarrollaron por separado la capacidad de producir psilocibina, el compuesto responsable de los efectos alucinógenos. La investigación reveló que estos hongos lograron el mismo resultado químico a través de enzimas completamente distintas, lo que se conoce como evolución convergente. Este fenómeno sugiere que la psilocibina cumple un papel importante en la supervivencia de los hongos, posiblemente como un repelente natural. El descubrimiento abre una nueva vía para la producción de psilocibina en laboratorio, utilizando enzimas naturales que pueden fabricar la sustancia de forma más limpia y sostenible. La psilocibina ha mostrado reducir la depresión resistente, los pensamientos suicidas y la ansiedad crónica en ensayos clínicos recientes.