La Agencia Espacial Europea (ESA) llevó a cabo una simulación de la Tormenta Carrington de 1859, el evento solar más intenso registrado en la historia. La simulación modeló un escenario de magnitud X45, el máximo nivel en la escala de llamaradas solares. El objetivo era probar los límites de los sistemas de comunicación y defensa espacial ante un fenómeno inevitable. La simulación mostró que un evento así podría alterar casi todos los sistemas que sostienen nuestra vida diaria, incluyendo la interrupción de comunicaciones de radar y radio, la inutilización de los sistemas GPS y Galileo, y la pérdida de control de satélites. La ESA concluye que no existe una defensa total posible, solo estrategias para minimizar el daño. El programa de Seguridad Espacial de la ESA desarrolla el Sistema de Sensores Distribuido de Clima Espacial (D3S) para detectar variaciones en tiempo real. La misión Vigil se lanzará en 2031 para observar el Sol desde el punto de Lagrange L5 y detectar eyecciones de masa coronal antes de que se dirijan a la Tierra. La simulación es una advertencia envuelta en ciencia: vivimos bajo una estrella impredecible y, aunque el Sol es fuente de vida, también puede recordarnos, en cuestión de horas, quién manda en el sistema solar.