La bióloga Delphine Arbelet-Bonnin explica que las plantas perciben variaciones en el entorno y responden mediante una compleja red de comunicación interna, sin necesidad de sistema nervioso. Cada célula vegetal posee sensores en su membrana capaces de detectar luz, presión, vibraciones o sustancias químicas. Las fitohormonas transportan información a través de tallos y raíces, permitiendo que la planta entera reaccione ante estímulos locales. Un ejemplo fascinante es la Drosera tokaiensis, una planta carnívora que genera una descarga eléctrica y libera hormonas que cierran la trampa en segundos. Los árboles de un bosque pueden advertirse entre sí de una plaga mediante señales químicas transmitidas por el aire o el micelio del suelo. La evidencia moderna revela que las plantas perciben y actúan, lo que cambia la mirada humana sobre su inteligencia. El interés por la inteligencia vegetal se disparó tras la pandemia, cuando la ciencia y la sociedad redescubrieron el bienestar asociado a los espacios verdes.