La ciudad de Nueva Delhi, con más de 28 millones de habitantes, sufre una crisis de calidad del aire, especialmente durante la temporada postmonzónica. Las emisiones de vehículos suponen el 40% de las emisiones en la ciudad, y la quema de rastrojos de arroz y otros residuos empeora la situación. Para combatir esto, el gobierno de Delhi ha realizado pruebas de siembra de nubes, lanzando catalizadores desde aviones para hacer que las gotas de agua en las nubes se fusionen y caigan al suelo en forma de lluvia. El coste de esta operación ha sido de 400.000 dólares, pero los resultados no han sido los deseados. El director del IIT Kanpur, Manindra Agarwal, admitió que los niveles de humedad en las nubes eran demasiado bajos, lo que hizo que la técnica no funcionara. A pesar de esto, se observó una reducción de entre el 6% y el 18% en ciertos parámetros de medición de partículas, pero fue en momentos muy localizados y de corta duración. La calidad del aire en Delhi es muy mala, con niveles de PM2.5 de entre 140 y 170 µg/m³, casi 12 veces más altos que los niveles seguros marcados por la OMS. La situación es crítica, y se estima que entre 2009 y 2019 se dieron cerca de cuatro millones de muertes en India vinculadas a la mala calidad del aire.