El aumento de lanzamientos de satélites y megaconstelaciones como Starlink ha multiplicado las reentradas de desechos espaciales en la atmósfera. Actualmente, orbitan más de 8.000 satélites activos, lo que implica entre una y dos reentradas visibles por día, cifra que podría quintuplicarse en la próxima década. Según el astrofísico Jonathan McDowell, la clave para distinguir un meteoro de una reentrada de basura espacial está en la velocidad angular y la duración. Un meteoro dura apenas un par de segundos y se mueve a velocidades de 11 a 72 km/s, mientras que una reentrada de basura espacial se mueve lentamente y puede durar decenas de segundos o incluso minutos. En 2022, una tormenta solar destruyó 40 satélites Starlink recién lanzados, y en 2024 una falla en un Falcon 9 dejó 20 más en órbitas inestables. La vaporización de estos objetos libera metales como aluminio, cobre o niobio en la estratósfera, con posibles efectos sobre la radiación solar y la capa de ozono. La Unión Astronómica Internacional define meteoroide, meteoro y meteorito como fragmento rocoso o metálico que orbita el Sol, fenómeno luminoso al entrar en la atmósfera y parte del cuerpo que sobrevive y llega al suelo, respectivamente.