Un equipo de la Universidad del Sarre, liderado por Martin Müser, descubrió que el hielo se vuelve resbaladizo gracias a un mecanismo sutil: el desorden eléctrico de sus moléculas, capaz de crear una película lubricante incluso en frío extremo. La hipótesis clásica, atribuida a James Thompson, sostenía que el peso de un patinador o la fricción de unos esquís bastaban para generar calor y fundir una fina capa superficial, pero las nuevas simulaciones moleculares demuestran lo contrario. El estudio, publicado en Physical Review Letters, muestra que la interacción de los dipolos eléctricos de las moléculas de agua con la superficie de otro material rompe el orden cristalino del hielo, provocando una transición a un estado amorfo. Incluso cerca del cero absoluto, las interacciones eléctricas persisten, garantizando la existencia de esa capa ultrafina. Las simulaciones también revelaron que no todas las superficies se comportan igual, y que los materiales hidrofóbicos favorecen un deslizamiento más eficiente que los hidrofílicos. El descubrimiento obliga a revisar cómo se explica la fricción del hielo en los libros de texto y ofrece aplicaciones prácticas, como desarrollar tecnologías antifricción y mejorar la seguridad en carreteras heladas.