Un equipo de astrofísicos ha descubierto que el universo recién nacido tenía un magnetismo muy débil, de solo 0,2 nanogauss, lo que es miles de millones de veces menos que un imán casero. Este campo magnético primordial se cree que se originó en las primeras fracciones de segundo después del Big Bang, durante la inflación cósmica. Los investigadores utilizaron el bosque Lyman-alfa, un patrón de absorción en la luz de los cuásares producido por el hidrógeno intergaláctico, para detectar el rastro de estos campos magnéticos. La comparación entre observaciones reales y simulaciones mostró que un modelo con magnetismo débil encajaba mejor con los datos que uno sin él. Este hallazgo redefine los límites de lo posible y sugiere que incluso las fuerzas más débiles pueden dejar cicatrices duraderas en la historia del cosmos. El telescopio James Webb podría estar influido por este magnetismo sutil en sus mediciones de galaxias lejanas.