En septiembre de 2019, los detectores LIGO y Virgo captaron una vibración en el tejido del cosmos que duró menos de una décima de segundo, bautizada como GW190521. Un nuevo estudio sugiere que podría haber sido el eco de un agujero de gusano, un túnel entre universos que se abrió y dejó escapar su latido. Los agujeros de gusano son una consecuencia teórica de la relatividad general de Einstein y nunca se ha observado uno directamente. El equipo de Qi Lai construyó un modelo matemático para simular cómo sonaría un agujero de gusano colapsando y compararon esa predicción con los datos reales de LIGO y Virgo. El resultado fue perturbador, ya que la coincidencia entre la señal y el modelo fue sorprendente. Si esta interpretación es correcta, habríamos escuchado por primera vez el sonido de un túnel entre universos. La idea no solo es poética, sino revolucionaria, y significa que el cosmos podría estar lleno de ventanas interdimensionales, invisibles a simple vista pero detectables mediante las ondas que emiten.