El universo, hace más de 13.000 millones de años, era un océano de gas y sombras. La gravedad empezó a concentrar la materia en nudos incandescentes, pero las primeras luces del cosmos no fueron estrellas como las de hoy. El telescopio James Webb ha detectado puntos rojos a miles de millones de años luz que brillan demasiado para su edad, lo que sugiere que podrían ser estrellas de agujero negro, o BH*. Estos objetos, conocidos como Black Hole Stars, serían híbridos cósmicos que mezclan lo imposible, con un agujero negro recién nacido devorando gas y manteniendo una atmósfera ardiente. Las BH* podrían ser las semillas de los monstruos cósmicos que vemos hoy, y su existencia podría obligarnos a reescribir el origen de las galaxias. El investigador Pablo G. Pérez González afirma que si esto es cierto, estamos ante los primeros soles del universo, pero también ante los primeros abismos. Las BH* ofrecerían un atajo en el proceso evolutivo del cosmos, permitiendo que un único cuerpo nazca ya con un agujero negro dentro, acelerando el proceso. La astrofísica Marta Volonteri es una de las pioneras en el estudio teórico de las BH*, y afirma que podrían ser las semillas de los agujeros negros supermasivos que hoy habitan en el centro de casi todas las galaxias.