Un estudio liderado por Spencer Greenberg involucró a más de 3.000 participantes en seis pruebas distintas, revelando que el IQ explica apenas el 40 % de la variabilidad en el rendimiento cognitivo. Los resultados mostraron que la personalidad y las conductas cotidianas desempeñan un papel decisivo en el éxito y la felicidad. El estudio también abordó la posibilidad de modificar estos factores, encontrando que ciertos cambios en hábitos y actitudes pueden mejorar significativamente la calidad de vida. Greenberg subrayó que el IQ refleja lo que las tareas de inteligencia tienen en común, pero no capta todas las aptitudes individuales. La investigación desmontó creencias populares, como la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner, y reveló que la autopercepción del propio nivel intelectual suele estar desconectada de la realidad. Finalmente, Greenberg advirtió que la inteligencia no guarda una relación directa con la felicidad, aunque sí con ciertos logros materiales.