El odómetro romano fue un dispositivo que permitía medir distancias recorridas con precisión, utilizando un sistema de ruedas dentadas y guijarros. La rueda dentada de 400 dientes estaba conectada a la rueda de un carro y, cada vez que se recorría una milla romana (aproximadamente 1478 metros), un guijarro caía en un contenedor. Este sistema permitía a los encargados del transporte y del reconocimiento militar saber con exactitud cuántas millas habían recorrido. La precisión era fundamental para la logística militar romana, ya que necesitaban controlar y mantener una red de vías de comunicación que se extendía por miles de kilómetros. El odómetro también se utilizó en la navegación costera, aunque con mayores dificultades debido a las corrientes y el oleaje. Aunque no se han encontrado restos arqueológicos directos del odómetro romano, las descripciones de Vitruvio y Frontino, junto con los estudios de ingeniería moderna y las reconstrucciones físicas, permiten una comprensión detallada del funcionamiento y la relevancia de este instrumento. La relación entre vueltas de rueda y distancia recorrida era fundamental para ingenieros militares y responsables de obras públicas, quienes podían calcular longitudes de carreteras, organizar campamentos y establecer postas de mensajería. Una rueda de carro romana promedio tenía unos 1,2 metros de circunferencia, y se necesitarían cerca de 1232 vueltas para alcanzar una milla romana.