Los volcanes tienen un impacto significativo en la atmósfera, más allá del enfriamiento global temporal. Una investigación publicada en Nature por geocientíficos de la Universidad de Princeton revela que los volcanes también dictan dónde llueve y dónde se inunda. Cuando un volcán libera dióxido de azufre a gran altitud, se convierte en aerosoles que reflejan la luz solar, enfrían la superficie y calientan la estratosfera. Esto altera la circulación del aire y desplaza la Zona de Convergencia Intertropical (ZCIT), lo que resulta en un intercambio inesperado: menos precipitaciones en el hemisferio de la erupción y más en el contrario. El equipo de Princeton analizó tres grandes episodios: la erupción del volcán Santa María en Guatemala (1902), la del Agung en Indonesia (1963) y la del Pinatubo en Filipinas (1991). Los resultados muestran que las erupciones pueden amplificar lluvias monzónicas en regiones distantes y reducir precipitaciones en otras. Las alteraciones se producen en los meses siguientes a la erupción y se van atenuando con el paso de los años. La comprensión de cómo los volcanes modifican la atmósfera puede ayudar a anticipar desastres naturales tras futuras erupciones y a afinar los modelos climáticos.