El turismo global se ha convertido en la principal fuente de saturación urbana, con ciudades como Venecia, Barcelona y Florencia viviendo en tensión permanente. El fenómeno del overtourism es una realidad visible en calles congestionadas y monumentos vigilados. La industria turística depende de un recurso que la está destruyendo, con el 9% de las emisiones globales provenientes del turismo. La aviación es la principal responsable de estas emisiones, con un crecimiento anual del 4% en el tráfico aéreo. La eficiencia solo mejora un 0,3% anual, lo que significa que cada nuevo avión entregado significa más combustible quemado y más CO₂. Los expertos en sostenibilidad insisten en que solo imponiendo límites, como cupos y tasas ambientales, podrá evitarse un colapso irreversible. El planeta ya no puede resistir el ritmo actual de viajes, con un precio que ya nadie puede pagar. La reapertura tras la pandemia desató el llamado revenge travel, con millones de personas decididas a recuperar el tiempo perdido viajando más y más lejos. El resultado es un tráfico aéreo más constante y menos estacional, con aeropuertos desbordados y ciudades convertidas en decorado.