Un equipo de arqueólogos ha descubierto un barco corsario del siglo XVII en el Estrecho de Gibraltar, a 830 metros de profundidad. El barco, probablemente una tartane, estaba equipado con cuatro cañones de gran calibre, diez cañones giratorios y una cantidad significativa de mosquetes. La carga del barco incluía centenares de piezas de loza y metal, así como objetos de origen europeo, como botellas de vidrio soplado y tazones. El barco también llevaba un telescopio de largo alcance, lo que sugiere que estaba equipado para la vigilancia y la caza estratégica de otras naves. El descubrimiento es importante porque proporciona una visión única de la piratería en el Mediterráneo durante el siglo XVII. Los corsarios del norte de África, conocidos como los piratas berberiscos, operaban desde ciudades portuarias como Argel y Túnez, y su actividad se extendió desde el siglo XV hasta bien entrado el XIX. El Estrecho de Gibraltar era un punto neurálgico para los corsarios, ya que ofrecía una posición ideal para emboscar a barcos cristianos en ruta entre el Atlántico y el Mediterráneo.