Un equipo de investigadores británicos de la Universidad de Southampton, liderado por Christoph Witzel, descubrió que la explicación para ver colores que no existen se encuentra en la retina, específicamente en la adaptación temporal de los conos, las células encargadas de detectar el color. Este fenómeno, conocido como imágenes residuales de color, ocurre cuando se fija la vista en un color intenso y luego se mira otra superficie, viendo su reflejo opuesto o un tono inexistente. El estudio involucró a 50 voluntarios que observaron distintos colores y ajustaron manualmente el tono ilusorio que percibían, y otro grupo de 10 personas que repitió el proceso 360 veces utilizando dispositivos especializados. Los resultados demostraron que las imágenes residuales no se generan en el cerebro, sino que son consecuencia directa de la adaptación temporal de los conos. Este hallazgo redefine el papel de la retina y puede tener aplicaciones en óptica, neurociencia y rehabilitación visual.