La NASA utilizó aviones militares para crear laboratorios flotantes y simular la ingravidez a través de vuelos parabólicos. Estos vuelos, que duraban unos 20 segundos, permitían a los científicos estudiar el comportamiento de fluidos, probar sistemas de soporte vital y entrenar a astronautas. El avión KC-135 Stratotanker fue utilizado en la década de 1950 y se ganó el apodo de 'cometa del vómito' debido a los mareos intensos que sufrían los pasajeros. Sin embargo, estos vuelos permitieron a los científicos entender cómo el cuerpo humano se adapta a la ingravidez y cómo se pueden realizar tareas en un entorno sin peso. El 'cometa del vómito' sigue siendo utilizado hoy en día, bajo versiones más modernas como el Airbus A310 Zero-G, y ha sido fundamental para el entrenamiento de astronautas y la investigación en microgravedad. Los vuelos pueden incluir hasta 40 parábolas consecutivas, lo que permite a los científicos estudiar los efectos fisiológicos de vivir sin peso durante minutos prolongados. El corazón, los músculos y el cerebro se adaptan a la ingravidez, aprendiendo a convivir con un entorno que no tiene arriba ni abajo.