Nueva Delhi amaneció sin horizonte el 21 de octubre de 2025, después del festival de Diwali, con un aire clasificado como 'peligroso' y un Índice de Calidad del Aire (AQI) de 360 puntos en promedio, superando los 500 en algunos momentos. La ciudad se convirtió en una trampa atmosférica debido a la combinación de emisiones urbanas, quema de rastrojos y vientos inmóviles. El Tribunal Supremo había relajado las restricciones al uso de fuegos artificiales, lo que empeoró la situación. Los expertos advierten que respirar aire con concentraciones tan altas de partículas PM2,5 y PM10 puede afectar el sistema cardiovascular y respiratorio durante meses. La crisis no se limitó a la capital, ya que el humo cruzó la frontera hacia Pakistán. El gobierno local activó restricciones al tráfico pesado y prohibió los generadores diésel, pero el daño ya estaba hecho. La doctora Ritika Sen, neumóloga del All India Institute of Medical Sciences, advirtió que 'hemos normalizado respirar veneno' y que Delhi se volverá inhabitable cada invierno si no cambian las costumbres y el patrón climático.