En la fosa de las Kuriles, ubicada al norte de Japón, se encontraron comunidades de criaturas gigantes, como gusanos tubícolas de 20-30 centímetros de longitud, bivalvos, moluscos, pepinos de mar, gusanos poliquetos y pequeños crustáceos. Estas comunidades se extendían a lo largo de varios kilómetros en el fondo marino, formando un ecosistema vibrante e inesperado. La expedición, realizada en 2024 por el sumergible chino Fendouzhe, como parte del programa Global TREnD, reveló que la vida puede prosperar en condiciones extremas, como la presión aplastante y la oscuridad absoluta. Los organismos recurren a la quimiotrofía, transformando metano y sulfuro de hidrógeno en energía, gracias a la dinámica de las placas tectónicas. Esto desafía las nociones de la biología marina y abre la puerta a reconsiderar cómo la vida puede aprovechar recursos no convencionales para prosperar en contextos extremos. Se estima que más del 80% de los fondos oceánicos permanece inexplorado y sin cartografiar, lo que significa que otras fosas podrían albergar comunidades igual de sorprendentes.