Un grupo de investigadores de la Universidad de Saarland, liderados por Martin Müser, descubrió que la verdadera causa del resbalamiento en el hielo está en la interacción de dipolos moleculares. En 1850, James Thomson propuso que la presión ejercida sobre el hielo hacía que este se derritiera, creando una película de agua sobre la que nos deslizábamos. Sin embargo, experimentos y simulaciones recientes demostraron que ni la presión ni la fricción desempeñan un papel relevante en el fenómeno. Cada molécula de agua posee un lado positivo y otro negativo, lo que le otorga una polaridad específica. En condiciones normales, el hielo organiza esas moléculas en una estructura cristalina perfecta. Pero cuando entra en contacto con otra superficie polarizada, como la goma de un zapato, los dipolos interactúan, rompen la armonía y generan una capa amorfa que se comporta como un líquido. El estudio también desafía otra creencia extendida: que a temperaturas bajo -40°C es imposible esquiar porque no se forma agua en la superficie. Las simulaciones mostraron lo contrario: incluso cerca del cero absoluto, los dipolos siguen actuando y crean una capa líquida. Eso sí, la película es tan viscosa como la miel, demasiado espesa para permitir el deslizamiento. El hallazgo supone un cambio de paradigma: desmiente casi dos siglos de explicaciones y abre nuevas vías de investigación sobre cómo se comportan los materiales en condiciones extremas.