La misión Apolo 11 en 1969 trajo consigo muestras lunares que incluían fragmentos de vidrio anaranjados y negros, de menos de un milímetro de diámetro, formados hace entre 3300 y 3600 millones de años durante erupciones volcánicas en la superficie lunar. Un equipo liderado por la Universidad Washington en San Luis (WashU) utilizó la tecnología NanoSIMS 50 para analizar estas muestras y descubrir su origen. Los investigadores encontraron que estas cuentas lunares son pequeñas cápsulas prístinas del interior lunar, formadas cuando los volcanes lunares expulsaron material a la superficie y cada gota se solidificó con el contraste del frío. El equipo ha publicado sus hallazgos en la revista Icarus, después de 50 años de tener estas muestras sin poder descifrar su significado. La Universidad de Washington en San Luis alberga un gran repositorio de muestras lunares traídas a la Tierra.