Un equipo internacional de científicos ha analizado 30 piezas de alquitrán de abedul procedentes de 9 yacimientos neolíticos en la región alpina, datados hace 6.000 años. El alquitrán, obtenido mediante la destilación controlada de corteza en ausencia de oxígeno, se utilizaba como pegamento y ha conservado rastros de ADN humano, microbios orales, plantas cultivadas y animales cazados. Los análisis han revelado detalles sobre la dieta, tecnología y roles de género de los primeros agricultores europeos. Se han identificado restos de ADN de trigo, cebada, guisantes, lino, avellanas, haya y amapola, así como de peces, jabalíes y ovejas. El alquitrán también ha permitido conocer el sexo biológico de quienes lo utilizaron, sugiriendo una división del trabajo basada en el sexo. Los hallazgos proceden de los llamados 'poblados lacustres', estructuras construidas junto a lagos alpinos entre el 4300 y el 3500 a.C.