Investigaciones recientes han revelado que los microplásticos están presentes en la lluvia que cae sobre ciudades, campos y océanos. Estas partículas provienen de residuos plásticos degradados y representan una amenaza silenciosa pero creciente. La lluvia ácida pudo reducirse con medidas políticas, pero los microplásticos parecen más difíciles de erradicar. Los microplásticos se originan a partir de la degradación de residuos plásticos en carreteras, vertederos y océanos, y pueden viajar miles de kilómetros antes de regresar a la Tierra con las precipitaciones. La contaminación por microplásticos es alarmante porque no se degradan fácilmente y pueden permanecer en el medio ambiente durante siglos. Además, su capacidad para ingresar a los ecosistemas y al cuerpo humano plantea serios riesgos para la salud. Los microplásticos están en el agua potable, los alimentos e incluso el aire que respiramos, y se han encontrado en organismos marinos, aves y seres humanos. Aunque aún se estudian sus efectos a largo plazo, se sospecha que pueden afectar el sistema respiratorio, alterar el sistema endocrino y causar inflamación y estrés celular. La única forma de reducir esta contaminación es abordar el problema desde su origen, reduciendo la producción y uso de plásticos, mejorando la gestión de residuos y reciclaje, y avanzando en tecnologías de purificación del agua.