La Segunda Guerra Mundial terminó oficialmente el 2 de septiembre de 1945, pero sus consecuencias siguen siendo vigentes ocho décadas después. El Pacífico fue uno de los escenarios clave del conflicto, y aproximadamente 3.800 naufragios todavía yacen en el fondo del océano. Estos naufragios pueden filtrar petróleo y otros combustibles, lo que amenaza la biodiversidad y los ecosistemas marinos. El cambio climático está provocando que los fenómenos meteorológicos extremos sean cada vez más frecuentes e intensos, lo que aumenta el riesgo de derrames y explosiones accidentales. Los expertos advierten que la exposición a estos contaminantes también puede llegar a afectar a la salud humana. En 2015, el ciclón Pam dejó al descubierto munición sin detonar de la Segunda Guerra Mundial en Kiribati y Tuvalu. Los restos de la guerra siguen poniendo en peligro la biodiversidad, contaminando el agua y los sedimentos, y afectando a corales, peces y otras especies marinas.