El litio, apodado el 'oro blanco' de la transición energética, se encuentra no solo en salares o minas a cielo abierto, sino también en dispositivos olvidados como móviles antiguos, patinetes eléctricos averiados y portátiles arrinconados. Estos dispositivos contienen baterías de iones de litio que pueden ser recicladas para recuperar litio, cobalto, níquel, aluminio y grafito. El concepto de minas urbanas de litio consiste en la recuperación de estos materiales a partir de residuos tecnológicos para darles una segunda vida y disminuir la presión sobre la minería tradicional. En la Unión Europea y Estados Unidos, las tasas de reciclaje apenas alcanzan el 1%. España y Argentina están trabajando en proyectos de reciclaje de baterías de litio, como la planta de reciclaje de Novolitio en Castilla y León, que se estima generará 35.000 toneladas anuales de residuos en 12 años. La Agencia Internacional de la Energía prevé que la demanda de litio se multiplique por 40 para 2040. El mercado global del reciclaje de baterías de litio podría alcanzar los 23.210 millones de dólares en 2032, con un crecimiento anual superior al 22%. Para aprovechar esta oportunidad, será esencial invertir en tecnologías de reciclaje directo más eficientes, mejorar la logística urbana de recolección de baterías y establecer incentivos fiscales y leyes que involucren a fabricantes y consumidores.