En 2003, Flexplay Technologies lanzó un formato de DVD llamado Flexplay o EZ-D, que funcionaba en cualquier reproductor tradicional, pero solo era funcional durante 48 horas después de ser abierto. La idea era ofrecer una alternativa al alquiler tradicional, permitiendo a los usuarios ver una película sin límites durante dos días. El disco contenía un compuesto químico que reaccionaba con el oxígeno y cambiaba de color con la degradación. A pesar de tener el apoyo de compañías como Disney, el formato fracasó comercialmente en 2011 debido a preocupaciones medioambientales y un precio no competitivo, que oscilaba entre 5 y 7 dólares. Esto era similar o más caro que alquilar un DVD normal. La falta de sentido en comprar algo que no fuera permanente también contribuyó a su fracaso.