Las energías renovables han dejado de ser una opción complementaria para convertirse en el eje de transformación del sistema energético mundial. La eficiencia, el almacenamiento, la distribución y el control del consumo energético han alcanzado niveles que hace apenas unas décadas eran inimaginables. Los paneles solares bifaciales capturan energía tanto por la cara frontal como por la posterior, aumentando el rendimiento sin aumentar el espacio utilizado. Las células de perovskita están demostrando una eficiencia superior a muchas tecnologías tradicionales y a un coste menor. Las turbinas eólicas modernas pueden superar los 15 MW de potencia y utilizan algoritmos basados en inteligencia artificial para optimizar su orientación y adaptarse al comportamiento del viento en tiempo real. La hidroenergía de bajo impacto utiliza microturbinas y sistemas de flujo libre para generar energía en pequeños cursos de agua sin necesidad de embalses. El hidrógeno verde se produce a partir de agua mediante electrólisis alimentada por energía renovable y no emite carbono. Las baterías de sodio y grafeno están ganando protagonismo para almacenar energía de forma más económica, eficiente y sostenible.