Los iPhone 17 Pro y Pro Max tienen problemas de resistencia debido a su carcasa de aluminio con alto contenido de magnesio, que es más ligera y resistente a la corrosión, pero también más vulnerable a arañazos y abolladuras. El proceso de anodización añade una capa protectora de óxido de aluminio, pero solo tiene entre 10 y 20 micras de grosor, lo que la hace insuficiente para proteger el metal base. La aleación utilizada es de la familia 5xxx, que destaca por su ligereza y resistencia química, pero no ofrece la dureza necesaria para un dispositivo de gama ultra premium. Los análisis técnicos confirman que la carcasa está compuesta por un 90% de aluminio y un 10% de magnesio, lo que la sitúa dentro de la familia 5xxx. El precio de estos dispositivos puede superar los 2.000 euros en sus configuraciones más altas, lo que hace que los problemas de resistencia sean aún más frustrantes para los usuarios. La conductividad térmica de la aleación es de entre 70 y 100 W/mK, lo que es menor que la de una aleación 6xxx, pero no es crítico en un smartphone. La ductilidad del material es alta, lo que significa que absorbe impactos sin romperse, pero deja abolladuras visibles.