Muchas personas se sienten abrumadas por la cantidad de malas noticias y optan por dejar de leerlas. Esto ha llevado a una sensación de desesperanza y pesimismo sobre el futuro. Incluso personas optimistas se dejan llevar por la sensación de que todo empeora. Los jóvenes hablan de ser una generación sin futuro y algunos deciden no tener hijos debido a la situación económica y social. La autora se pregunta cómo hemos llegado a este punto y cómo podemos cambiar nuestra perspectiva. La situación es tan grave que muchos jóvenes no pueden permitirse tener una vivienda digna en la ciudad donde viven, incluso trabajando a tiempo completo. La autora busca una solución a esta sensación de desesperanza y busca una forma de cambiar la perspectiva de las personas.