En Dinamarca, se ha implementado un sistema de impuestos que castiga a los propietarios de coches de combustión, lo que ha llevado a un aumento en la adopción de coches eléctricos. El impuesto de matriculación se calcula en función del volumen de emisiones de cada coche, lo que hace que los coches de combustión sean más caros. Por ejemplo, un Seat Arona de 95 CV tendría que pagar un impuesto de matriculación del 85% de su valor, más un recargo adicional por las emisiones del vehículo, lo que suma un total de 38.920 DKK (5.211 euros). En cambio, los coches eléctricos tienen una reducción del 40% en el impuesto de matriculación y el Estado subvenciona hasta 165.000 DKK de dicho impuesto. Esto hace que un coche eléctrico de 50.000 euros tenga un impuesto de matriculación de solo 18.850 euros, mientras que un coche de gasolina similar tendría un impuesto de matriculación de más de 21.000 euros. La red de recarga en Dinamarca es también más extensa, lo que hace que los coches eléctricos sean más atractivos. En 2023, Alemania retiró las ayudas a los coches eléctricos y el mercado se estrelló, pero luego se implementaron impuestos similares a los de Dinamarca y el mercado se recuperó.