Un hombre japonés trabajó durante 21 años en una empresa estable, ganando 29.000 euros al año, y se propuso ahorrar 100 millones de yenes para jubilarse anticipadamente. Vivía en un pequeño departamento de la empresa por 175 euros al mes, sin calefacción ni aire acondicionado, y su dieta se limitaba a arroz, verduras y ciruelas encurtidas. En enero de 2025, anunció haber alcanzado 135 millones de yenes y que podía retirarse. Sin embargo, la rápida depreciación del yen redujo drásticamente el valor de sus ahorros. A los 45 años, vive con cierta comodidad, aunque sin seguridad total. La inflación, las fluctuaciones del mercado y la devaluación de la moneda lo obligan a replantearse su futuro. Su historia ha reavivado el debate sobre el movimiento FIRE, que promete libertad financiera, pero los ahorros pueden estar expuestos a riesgos externos que ninguna austeridad por sí sola puede evitar.