Itaú, el mayor banco de Brasil, ha despedido a cerca de 1.000 empleados que trabajaban en un modelo híbrido. El motivo del despido es el resultado de meses de monitorización digital exhaustiva, con métricas que muestran que algunos empleados solo estaban conectados un 20% de su jornada laboral, frente a la media del 75% registrada en todo el banco. La entidad ha defendido su postura, argumentando que los empleados habían aceptado ser monitorizados en sus puestos a distancia. El sindicato ha denunciado la medida como una 'vigilancia abusiva' y critica la falta de transparencia. La decisión de los despidos se basó en la información de los últimos cuatro meses, y el banco busca mejorar el trabajo híbrido bajo un principio de 'autonomía responsable'. Los empleados despedidos han mostrado su sorpresa ante la decisión, ya que algunos habían recibido ascensos y evaluaciones de productividad muy positivas recientemente. El caso ha generado un debate sobre la confianza, la productividad y los límites del bossware en el teletrabajo.