Liz Bates, de 42 años, residente en el exclusivo barrio costero de Southebourne, en Bournemouth, al sur de Inglaterra, se enfrenta a una situación inesperada. La construcción de un nuevo edificio ha destruido drásticamente las vistas de la bahía de Poole que disfrutaba desde su casa. Además, la adición de un muro para preservar la privacidad de la nueva residencia ha supuesto una caída del valor de su vivienda de casi 60.000 euros, según una tasación profesional. La promotora responsable de las obras argumenta que su desarrollo de alta gama debería impulsar el valor inmobiliario de la zona, aunque no aborda la legalidad del muro de la terraza. Liz Bates considera mudarse después de diez años en la casa, pero la pérdida de valor de su vivienda podría complicar sus planes. La situación ha generado un conflicto entre la necesidad de privacidad de los nuevos ocupantes y el derecho a disfrutar de las vistas y la luz natural de los residentes existentes.