Una empresa instaló sistemas de escáner de identificación para monitorizar a sus empleados, registrando cada pausa para ir al baño, cada minuto de almuerzo y cada movimiento dentro de las instalaciones. La dirección comenzó a cuestionar a los empleados por sus ausencias, lo que generó un colapso en la comunicación interna y una disminución en la productividad. Un ejemplo ilustrativo es el de una máquina que se estropeó porque nadie quiso alejarse del escritorio para avisar sobre los ruidos extraños, lo que costó a la compañía 50.000 dólares. La empresa intentó revertir la situación con sesiones obligatorias de colaboración, pero los empleados respondieron con 'obediencia maliciosa', cumpliendo exactamente con las órdenes absurdas de la dirección. El sociólogo Michel Foucault ya había advertido sobre los efectos negativos de la vigilancia constante en el entorno de trabajo. La monitorización tecnológica puede generar ansiedad, fatiga, menor creatividad y una caída drástica en la iniciativa personal.