Jaguar Land Rover ha sufrido un ciberataque que ha detenido su producción global, generando pérdidas de más de 1.000 millones de euros en menos de dos semanas. El ataque ha afectado a más de 1.000 coches diarios y ha tenido un impacto inmediato en el balance económico, con unos 83 millones de euros en pérdidas directas al día. La compañía ha anunciado que sus plantas en Reino Unido permanecerán cerradas hasta el 24 de septiembre y que el reinicio será gradual y bajo un estricto control forense. El futuro de la marca es incierto, ya que llevaba meses sin lanzar nuevos modelos y su futuro depende del lanzamiento de un modelo exclusivo de alto precio. El ciberataque ha puesto en peligro la estabilidad de la compañía y ha generado preocupación en la industria automotriz, que ya ha vivido episodios similares con Honda en 2020 y Renault en 2017.