La reunión de Jackson Hole de 2025 se celebra en un momento de incertidumbre económica. Los banqueros centrales de Estados Unidos, Europa y Reino Unido siguen caminos divergentes en cuanto a la política monetaria. En Estados Unidos, la Reserva Federal se enfrenta a la presión de la agenda arancelaria del presidente Donald Trump, que ejerce presión al alza sobre los precios. En la eurozona, el Banco Central Europeo (BCE) teme que la guerra comercial global haga que la inflación se sitúe por debajo del 2% durante un período prolongado. En Reino Unido, la inflación ha alcanzado el 3,8% en julio, lo que plantea dudas sobre si se deben ignorar los aumentos puntuales del nivel de precios. Los banqueros centrales deben abordar tres problemas comunes: la independencia de la política monetaria, la falta de datos económicos fiables y la necesidad de mejorar la capacidad para mapear los efectos de las decisiones gubernamentales sobre la inflación. La reunión de Jackson Hole ofrece una oportunidad para que los banqueros centrales refuercen su independencia, intercambien ideas y se adapten a una economía política cambiante.