Grecia ha aprobado una reforma laboral que permite jornadas de hasta 13 horas diarias, con un máximo de 37 días al año y 48 horas semanales. La medida busca responder a la demanda de sectores con alta carga tecnológica y producción continua. Los trabajadores recibirán una bonificación del 40% sobre su remuneración habitual por estas jornadas extendidas. La legislación impone un máximo anual de 150 horas extra y exige un descanso mínimo entre turnos. El gobierno defiende la reforma como una respuesta moderna y necesaria, mientras que los sindicatos y la oposición temen que se normalice el exceso de horas y aumente la precariedad. La medida coloca a Grecia como el país con la jornada más larga de Europa, con un máximo de 13 horas diarias, y ha generado debate sobre la relación entre trabajo y productividad. El primer ministro, Kyriakos Mitsotakis, ha insistido en que el nuevo esquema incluye controles para evitar abusos y asegurar los descansos obligatorios entre jornadas. La reforma ha sido comparada con experiencias similares en Estados Unidos, China y Corea del Sur, donde las industrias tecnológicas han normalizado horarios intensivos en nombre de la innovación.