Islandia ha experimentado un aumento significativo en el turismo en los últimos 15 años, pasando de menos de 500.000 visitantes a más de 2,3 millones anuales. Esto se debe en parte a la erupción del volcán Eyjafjallajökull en 2010, que puso al país en el mapa global. La campaña 'Inspired by Iceland' y la llegada de aerolíneas de bajo coste han contribuido a este crecimiento. Sin embargo, el turismo masivo ha generado tensiones, como la alteración del tejido social y urbanístico, la sobrecarga de infraestructuras y la preocupación por la pérdida de la identidad cultural. Algunos críticos sostienen que la isla se ha convertido en un 'parque temático de volcanes', donde los visitantes se concentran en unos pocos paisajes icónicos. Para abordar estos desafíos, se propone diversificar las rutas y ofrecer experiencias más profundas ligadas a la historia y la cultura del país. La pregunta es si Islandia puede seguir recibiendo al mundo entero sin sacrificar su esencia única.