En Europa, el mapa laboral de los jóvenes muestra dos historias distintas. Alemania tiene un sistema de formación profesional dual que combina educación teórica y práctica, lo que reduce el desempleo juvenil a un 6%. En contraste, España tiene una tasa de desempleo juvenil del 24%, con problemas estructurales como la precariedad y la estacionalidad. El mercado laboral español se caracteriza por una alta rotación y temporalidad, lo que genera jóvenes altamente formados pero con pocas oportunidades estables. Expertos coinciden en que es urgente reformar la formación profesional, fomentar contratos de calidad y incentivar la inserción de jóvenes en sectores estratégicos. La media de la Unión Europea es del 14-15%. El impacto del desempleo juvenil no se limita a la falta de ingresos temporales, sino que retrasa la independencia, dificulta el acceso a vivienda y aumenta el riesgo de exclusión. El Gobierno de Pedro Sánchez celebra el crecimiento del empleo, pero los beneficios no se reparten por igual. Los jóvenes menores de 25 años siguen siendo los más golpeados.