El gobierno de Estados Unidos intenta revertir tres décadas de desindustrialización con aranceles a China, pero la inversión en IA está recreando el fenómeno que destruyó parte de la industria estadounidense en los años noventa. La historia se repite, pero esta vez sabiendo lo que va a pasar. El periodista económico Derek Thompson ha identificado un patrón que reescribe lo que creíamos saber sobre el declive industrial estadounidense. En los noventa, el despliegue masivo de Internet y telecomunicaciones absorbió cantidades brutales de dinero, que salió de las fábricas. Ahora, las empresas tecnológicas van a gastar unos 400.000 millones de dólares este año construyendo infraestructura para IA, lo que supone la mitad del crecimiento económico estadounidense en los primeros seis meses de 2025. La previsión es que la inversión supere los 500.000 millones anuales en 2026 y 2027. Mientras tanto, los consumidores americanos están gastando 12.000 millones al año en servicios de IA. La diferencia entre lo que se invierte y lo que se gana es abismal. El problema es estructural, ya que los fondos de inversión prefieren invertir en proyectos de IA que en pequeñas fábricas. Un fabricante que quiera aprovechar el momento para traer producción de vuelta a EEUU se encuentra con que pedir dinero prestado es carísimo. Los bancos comparan su proyecto con los retornos que promete la IA. La ironía es que los aranceles suben el precio de importar desde China, mientras que la IA sube el coste de financiar producción local. El efecto neto puede ser nulo para la industria, pero con precios más altos para todo el mundo.