China enfrenta un 14,5% de desempleo juvenil, lo que se traduce en millones de jóvenes sin trabajo. Para evitar el estigma, algunos jóvenes pagan para fingir que trabajan. Empresas como Pretend to Work Company ofrecen un servicio de oficinas falsas por 3,5 euros al día, donde los clientes pueden entrenar su disciplina, hacer contactos y buscar trabajos en línea. El perfil más común es el de recién graduados que deben entregar pruebas de prácticas a la universidad o jóvenes que no se atreven a confesar a su familia que están desempleados. La media de edad de los clientes es de 30 años y el 40% son recién graduados. Este fenómeno se produce en un contexto de cambios culturales, donde muchos jóvenes han cuestionado el modelo del 996 y han adoptado el movimiento 'tumbarse', que reivindica trabajar lo justo y priorizar la vida personal. Aunque las oficinas falsas alivian la presión social, no resuelven la raíz del problema: la dificultad del mercado laboral chino para absorber a los 12,2 millones de nuevos graduados que se incorporan cada año.