El psicoterapeuta estadounidense Clay Cockrell, conocido por trabajar con personas muy adineradas, ha revelado que tener millones en la cuenta corriente no es sinónimo de paz ni de plenitud. En su consulta ha aprendido que el dinero en muchas ocasiones se convierte en un factor que complica más la vida. La riqueza no está asociada con una mayor empatía o con una actitud positiva ante la vida, sino que genera una especie de aislamiento emocional que lleva a los millonarios a vivir rodeados de negatividad y a tener dificultades para relacionarse de manera sincera con los demás. La presión constante por mantener un estilo de vida que se espera de alguien con dinero puede llevar a la trampa de la gratificación inmediata, acostumbrándose a resolver cualquier deseo con rapidez, lo que eleva la frustración cuando la vida no responde al mismo ritmo. El fenómeno del 'money-rich, time-poor' también es común entre los millonarios, que tienen dinero de sobra pero no tienen horas libres para disfrutarlo. Cockrell insiste en que, a pesar de los millones, la mayoría de sus pacientes buscan lo mismo que cualquier persona: sentirse escuchados, tener relaciones auténticas, encontrar un propósito y no perder la calma frente a los retos cotidianos.