En la mitad del siglo pasado, el deseo de los jóvenes era estudiar, buscar un empleo y un piso de alquiler. Con el tiempo, los tipos de interés bajos permitieron a las familias endeudarse para comprar viviendas, lo que llevó a una burbuja inmobiliaria que explotó en 2007. Después de una crisis, los precios de la vivienda vuelven a subir, y muchas personas no pueden hacer frente a la compra. El modelo de alquiler se importa de Inglaterra, donde se paga mucho por mínimos módulos de habitabilidad. El inversor mira el ladrillo y el alquiler se dispara. Marcelo Casadejús, analista del mercado de fondos, reflexiona sobre el futuro de la vivienda. En el pasado, un empleo podía proporcionar 30.000 pesetas al mes, aproximadamente 180 euros. Los tipos de interés podían llegar al 20%. Ahora, los salarios se mantienen, pero el coste de la vida aumenta.