Bettina Buhl, historiadora de la alimentación, afirma que la rutina diaria y el aumento del precio de los alimentos han llevado a las personas a optar por comida preparada o para llevar. Sin embargo, considera que no son excusas válidas para no dedicar tiempo a cocinar. Buhl, que trabaja en un museo de la península de Djursland, destaca que los hábitos alimenticios están marcados por la prosperidad económica, lo que ha permitido elegir libremente entre los productos del supermercado. En la sociedad danesa, por ejemplo, la generación más mayor recuerda una infancia con acceso limitado a ciertos alimentos, como albóndigas, y debían conformarse con lo que tenían. Buhl asegura que ahora nos hemos convertido en extraños en nuestra propia cocina, ya que no sabemos qué hacer con los ingredientes de un plato. La experta lamenta que las generaciones más jóvenes hayan perdido el conocimiento de las técnicas de cocina y los ingredientes. Un ejemplo es que si se le da una cabeza de coliflor a una persona mayor, puede dar siete ideas diferentes de platos, mientras que las generaciones más jóvenes necesitarían buscar en Google.