En el casco histórico de Cádiz, más de un centenar de antiguos cañones, conocidos como guardacantones, se han integrado en las esquinas de los edificios como elementos de protección. Estos cañones, fabricados en hierro fundido, proceden de la batalla de Trafalgar (1805) y de los tiempos en que las tropas napoleónicas intentaron invadir la ciudad (1810-1812). También hay cañones que datan de los siglos XVIII, XIX y XX. La función de estos elementos era salvaguardar las esquinas de las edificaciones del constante tráfico de carruajes. El Ayuntamiento de Cádiz ha impulsado una campaña de restauración para conservar estos bienes, que incluye un total de 265 piezas de protección o guardacantones (115 cañones y 150 esquinales). El proceso de recuperación consiste en aplicar un tratamiento de choque y una pintura de poliuretano para proteger el hierro. La ciudad de Cádiz es el único recinto urbano del mundo que cuenta con una muestra tan numerosa de cañones empotrados en sus esquinas. El experto Antonio Ramos Gil ha estudiado los guardacantones y asegura que son característicos del entorno de la bahía de Cádiz. Actualmente, muchos de ellos se localizan en el área comprendida entre las calles San Bartolomé, Los Moros, Valdés y la Plaza de Elías Ahuja.